El Ministerio de Justicia de Cuba (MINJUS) declaró procedentes las elecciones de la Gran Logia de Cuba, reconociendo a José Manuel Valdés Menéndez-Cuesta como nuevo Gran Maestro. La decisión pone fin a meses de injerencia estatal y tensión interna, obligando a Mayker Filema a abandonar un cargo que mantenía de forma irregular gracias al respaldo gubernamental.
Mediante la Resolución 7, firmada por la directora de Asociaciones del MINJUS, Miriam García Mariño, las autoridades de la isla reconocieron la documentación presentada por los nuevos funcionarios tras la Sesión de Alta Cámara Masónica del pasado 25 de octubre. En aquella jornada, los miembros de la institución lograron celebrar los comicios a pesar de los intentos de Filema por sabotear el proceso, quien retrasó el inicio y abandonó la sesión ante la exigencia de votación. Esta era la segunda vez que el ahora exdirigente se negaba a cumplir con los estatutos para la renovación de cargos, en un evidente intento de perpetuarse en el poder.
Injerencia estatal y amenazas de la Seguridad del Estado
El desenlace de este conflicto institucional expone la habitual dinámica de control del gobierno cubano sobre las asociaciones civiles. Durante los casi dos años de crisis interna, la permanencia de Filema solo fue posible gracias al aval del Estado, replicando el patrón visto anteriormente con su predecesor, Mario Urquía. Ante la rebelión de la membresía, que congregó a unos 200 masones el 6 de julio para exigir su salida, la respuesta no se hizo esperar. La Seguridad del Estado citó y amenazó a varios líderes del movimiento, evidenciando cómo la dictadura cubana utiliza la intimidación y la persecución para intentar aplacar las demandas de autonomía dentro de las organizaciones de la sociedad civil.
Sin embargo, la unidad demostrada por los representantes en la Alta Cámara forzó al ejecutivo cubano a dar marcha atrás. Según reconoció el propio MINJUS en su resolución, la postura de Filema \»desconocía la voluntad de la mayoría\» y buscaba dilatar el funcionamiento institucional. Para los masones, esta rectificación representa un triunfo frente a la arbitrariedad. Bajo condición de anonimato, varios miembros consultados señalaron que el fin del mandato de Filema supone una liberación tras lo que calificaron como una \»dictadura\» interna, aunque son conscientes de que la injerencia del Estado persistirá en la institución, aunque de formas más sutiles.
El episodio de la Gran Logia de Cuba trasciende el ámbito de una simple disputa administrativa y refleja el desgaste del modelo de control vertical impuesto por el régimen de La Habana. En un contexto de crisis estructural aguda, colapso de servicios y éxodo migratorio, el hecho de que una organización civil logre imponer su voluntad estatutaria frente a los designios del poder central marca un precedente importante. De cara al futuro, el desafío para la nueva dirección masónica será mantener la institucionalidad frente a un Estado que históricamente no tolera la independencia organizativa, en un escenario donde la comunidad internacional sigue de cerca el retroceso de las libertades fundamentales en la isla.