El ex Gran Maestro de la Gran Logia de Cuba (GLC), Mario Urquía Carreño, ha ofrecido sus primeras declaraciones públicas tras el escándalo de corrupción que provocó su renuncia, recurriendo a un canal de YouTube prorrégimen para tergiversar hechos y desviar la atención sobre el supuesto desfalco de 19.000 dólares en la institución.
En una entrevista concedida al canal \»GILO FEZZO-EN LA ESQUINA ROJA\», conducido por Gilberto Ferrás, Urquía intentó justificar su gestión y acusar a otros líderes masónicos de orquestar un plan en su contra. Sin embargo, el espacio elegido levanta serias dudas sobre su independencia. El perfil del entrevistador evidencia una clara línea editorial favorable a las autoridades de la isla, incluyendo diálogos con voceros del programa estatal Mesa Redonda, exagentes de la Seguridad del Estado y directivos de la prensa oficial, así como coberturas desde el Centro Fidel Castro Ruz. Durante la conversación, que funcionó más como un espacio de exposición sin contrapreguntas, Ferrás evitó cuestionar las graves acusaciones de desfalco millonario que pesan sobre el ex Gran Maestro.
Urquía renunció a su cargo tras el estallido de un escándalo por la presunta sustracción de 19.000 dólares de su oficina en la GLC, un hecho que generó una profunda división dentro de la masonería cubana. En su reciente aparición, aseguró que los procesos en su contra están cerrados y negó cualquier implicación en el desfalco. Asimismo, atribuyó la crisis interna a una supuesta conspiración liderada por el Soberano Gran Comendador, José Ramón Viñas Alonso, y los masones Gerardo Cepero y Ángel Santiesteban, mencionando hechos aislados sin presentar pruebas contundentes más allá de su propia apreciación.
Manipulación de hechos y postura política
Entre las afirmaciones cuestionadas de Urquía destaca su versión de una cena de fin de año celebrada en la logia Federico Valdés, en el municipio Cotorro. Durante ese encuentro, ante un brindis con la frase \»Patria y vida\», Urquía respondió textualmente: \»A mí me da lo mismo ‘Patria y vida’ que ‘Patria o muerte’; yo no estoy en eso\». Ahora, el ex Gran Maestro ha tergiversado el suceso en su entrevista, sugiriendo que fue una maniobra intencional para forzarlo a definirse políticamente, omitiendo su propia ambivalencia moral frente a un sistema que históricamente ha reprimido a la sociedad civil.
Injerencia estatal y crisis en la sociedad civil
El conflicto en la Gran Logia de Cuba no es un hecho aislado, sino que refleja el patrón sistemático de la dictadura cubana de intervenir y cooptar las instituciones independientes. La imposición de nuevas directivas y el acoso a figuras disidentes dentro de organizaciones históricas como la masonería evidencian cómo el gobierno cubano utiliza la presión institucional y la infiltración para neutralizar cualquier espacio de autonomía. La profunda crisis económica y el desabastecimiento que azotan a la isla también han exacerbado las disputas internas por el control de recursos, creando un caldo de cultivo para la corrupción y la descomposición institucional.
La estrategia de Urquía de alinearse con plataformas afines al régimen de La Habana para limpiar su imagen revela la profundidad de la crisis de legitimidad dentro de la masonería cubana. Mientras las autoridades de la isla continúan vulnerando el derecho de asociación y promoviendo figuras complacientes, la ciudadanía y la comunidad internacional deben mantener la vigilancia sobre la represión silenciosa que se ejerce en los reductos de la sociedad civil. El futuro de estas instituciones dependerá de su capacidad para resistir la injerencia estatal y exigir transparencia ante los escándalos que amenazan su existencia.