Miércoles, 22 de julio de 2026
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El despojo del \»contrapunteo cubano\»: la herencia del azúcar y el tabaco que el castrismo confiscó

Guido Batista Cifuentes, descendiente de dos de las dinastías más emblemáticas de la economía cubana pre-revolucionaria, reconstruye desde el exilio en Madrid la memoria de un patrimonio industrial que la dictadura castrista desmanteló tras 1959. Su linaje representa la síntesis del \»contrapunteo del tabaco y el azúcar\» que definió la identidad nacional, hoy extinto bajo el control estatal.

Batista Cifuentes es heredero, por línea paterna, de la familia Falla, sinónimo de la industria azucarera cubana. Su bisabuelo, el cántabro Laureano Falla Gutiérrez, dejó al morir en 1929 un vasto legado que incluía numerosos centrales azucareros —Adelaida, Manuelita, Patria, Santísima Trinidad, San Germán, entre otros— además de múltiples empresas. Su abuelo, Agustín Batista González de Mendoza, fue presidente del Trust Company of Cuba, el primer banco comercial de la Isla. Por parte materna, desciende de Ramón Cifuentes Llano, el asturiano que llegó a Cuba en 1881 y convirtió a Cifuentes, Fernández y Cía. —propietaria de la histórica fábrica Partagás fundada en 1854— en la principal empresa exportadora del país entre 1934 y 1945.

\»Me gusta pensar que provengo del contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar\», afirma Batista Cifuentes, evocando el ensayo de Fernando Ortiz que articula esa polaridad entre el ingenio y la vega como generadora de la economía y reflejo de la sociedad cubana. Esa dualidad productiva, que sostuvo el desarrollo económico de la Isla durante décadas, fue sistemáticamente destruida cuando el régimen de La Habana procedió a la confiscación de todas las empresas privadas. Las vitolas de Partagás conservan aún el nombre de Cifuentes y Cía., testimonio silencioso de una propiedad que fue intervenida por el castrismo en 1961 sin indemnización ni proceso legal alguno.

Una familia dispersada por el exilio

El relato de los Batista Cifuentes es también el de la diáspora cubana. Su padre, Agustín Batista Falla, mantuvo durante años una residencia en las afueras de París, donde se reunía con grupos de exiliados. Su tío, Víctor Batista Falla, fue editor y mecenas de la cultura cubana en el destierro hasta su fallecimiento. Guido reside hoy en Aravaca, en las afueras de Madrid, lejos de la tierra que vio crecer a cuatro generaciones de su familia. Como tantas otras familias cubanas, los Batista se dispersaron por Europa y Estados Unidos tras perder no solo sus empresas, sino también su espacio en una sociedad que el gobierno cubano reconfiguró por la fuerza.

El caso de los Batista Cifuentes ilustra con precisión el patrón de expropiación que las autoridades de la isla aplicaron de manera generalizada tras 1959. Empresas familiares con más de un siglo de historia, clínicas para trabajadores —como la que dirigía José María Bernal Obregón, bisabuelo materno de Guido, que prestaba servicio a más de 4.000 empleados—, ingenios y fábricas pasaron a manos del Estado sin contraprestación alguna. Lo que alguna vez fue la primera empresa exportadora de Cuba hoy forma parte de un sector tabacalero gestionado por corporaciones estatales como Habanos S.A., cuyos beneficios rara vez repercuten en la población cubana. La confiscación no solo despojó a familias enteras de su patrimonio: arruinó un modelo productivo que había posicionado a Cuba en la cima de dos industrias globales y que jamás volvió a recuperar su esplendor.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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