Las autoridades sanitarias de la provincia de Matanzas emitieron una alerta por la detección de casos y brotes de hepatitis en varios municipios, una crisis de salud pública directamente vinculada al deterioro de las redes de agua potable y la falta de electricidad. Mientras el régimen de La Habana minimiza la situación, activistas independientes denuncian que la propagación de la enfermedad responde a la deficiente infraestructura y a la mezcla de aguas residuales con el suministro doméstico.
El Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología de Matanzas reconoció la presencia de la enfermedad en el territorio. Su director, Andrés Lamas Acevedo, detalló a medios estatales que se han identificado casos aislados en la mayoría de los municipios, con focos de contagio concentrados en localidades como Pálpite, Cidra y zonas urbanas de Matanzas y Cárdenas. En el reparto Versalles se reportan 18 casos, mientras que en el barrio La Marina, en Cárdenas, hay siete casos activos, según el funcionario, quien aseguró que la situación está bajo control.
Sin embargo, la narrativa oficial contrasta con los testimonios desde la base. Fuentes independientes advierten que los reportes gubernamentales omiten otros focos de la enfermedad. El activista Iván Hernández, residente en el municipio de Colón, confirmó la existencia de un brote de hepatitis A en esa zona, atribuyéndolo directamente al colapso de la infraestructura sanitaria. Hernández explicó que las tuberías obsoletas y sin mantenimiento permiten que las aguas residuales se filtren en las redes de agua potable, especialmente cuando estas se quedan vacías.
El impacto de la crisis energética e hídrica en la salud pública
La propagación de la hepatitis, una enfermedad de transmisión fecal-oral, no es un hecho aislado, sino una consecuencia directa de la crisis estructural que sufre la isla. El secretario general de la Asociación Sindical Independiente de Cuba (ASIC) señaló que las dificultades para acceder a agua segura se ven agravadas por los prolongados apagones que sufre el país. La recomendación sanitaria de hervir el agua resulta inaplicable para gran parte de la población, que carece de electricidad para realizar el proceso de potabilización doméstica.
Ante este escenario, el gobierno cubano se ha limitado a instar a la población a extremar las medidas de higiene, sin ofrecer soluciones reales a la obsolescencia de las redes de saneamiento. La incapacidad de las autoridades de la isla para garantizar servicios básicos como el agua potable y la electricidad no solo profundiza el sufrimiento ciudadano, sino que amenaza con desatar crisis epidemiológicas de mayor escala, evidenciando una vez más la vulnerabilidad sanitaria a la que está sometida la sociedad cubana.