Miércoles, 22 de julio de 2026
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Adicción y trauma en Cuba: la historia de 15 años de consumo y la lucha por la sobriedad en medio de la crisis

LA HABANA. A sus 35 años, Jorge Calzada Ponce acumula un año de rehabilitación frente a 15 de severa adicción a diversas sustancias, un trayecto marcado por la pobreza, el trauma familiar y la creciente disponibilidad de narcóticos en las calles de la isla. Su caso refleja el profundo deterioro del tejido social y la falta de estructuras de salud mental y atención pública en sectores vulnerables del país.

Nacido y criado en el barrio habanero de Alamar, Jorge describe una infancia signada por la precariedad económica y la ausencia de supervisión familiar. Obligado a trabajar desde los 13 años para sobrevivir en un entorno de pobreza, abandonó el preuniversitario a escondidas de su madre. Sin embargo, el punto de inflexión en su vida ocurrió a los 18 años, cuando encontró a su abuelo intentando ahorcarse. \»Murió en mis manos, ahí, frente a mí\», relata. La falta de apoyo psicológico por parte de las instituciones y la depresión derivada de este evento lo empujaron hacia el alcohol y, posteriormente, hacia el consumo de drogas duras.

Su trayectoria de adicción abarcó desde la marihuana, accesible por unos pocos CUC en su momento, hasta sustancias de mayor impacto como el crack y el llamado \»químico\». Esta última droga sintética, que actualmente se consigue en cualquier parque por alrededor de 500 pesos, ilustra el descontrol y la impunidad con la que opera el narcotráfico a nivel de barrio. El régimen de La Habana ha demostrado una incapacidad estructural para frenar la distribución de estas sustancias, cuyo contenido desconocido ha cobrado la vida de numerosos jóvenes por sobredosis, tal como presenció el propio Jorge durante sus años de consumo.

El colapso social y la inacción gubernamental

La historia de este joven no es un caso aislado, sino el síntoma de una crisis sistémica más amplia. La profunda crisis económica, la inflación galopante y el desabastecimiento han empujado a amplios sectores de la juventud cubana hacia la marginalidad y el consumo de sustancias como vía de escape ante la falta de oportunidades. Las autoridades de la isla han desmantelado progresivamente los programas comunitarios y de salud mental, dejando a ciudadanos sin redes de contención. Las consecuencias de este abandono se traducen en pérdida de empleos, conflictos callejeros, detenciones y un severo deterioro de la salud física y mental de la población.

Hoy, tras 365 días de abstinencia, Jorge busca enmendar el daño causado a su entorno y reconstruir su vida motivado por su hija de dos años. No obstante, su rehabilitación se sustenta casi exclusivamente en el apoyo de familiares y en su propia voluntad, evidenciando la nula intervención efectiva del Estado en la recuperación de adictos. Mientras la dictadura cubana mantenga sus políticas de inacción frente al avance del narcotráfico y la pobreza, historias como la de Jorge seguirán multiplicándose en los barrios de la isla, profundizando el colapso social que atraviesa la nación.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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