El exmilitar y analista venezolano José Antonio Colina aseguró que la operación militar de Estados Unidos contra el narcotráfico en aguas venezolanas entrará en una segunda fase de ataques terrestres contra el Cártel de los Soles. En su análisis, descartó la participación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) en el tráfico de drogas, pero ratificó el papel fundamental de la dictadura cubana en el adoctrinamiento, espionaje y represión dentro de las instituciones de seguridad venezolanas.
Colina detalló que la actual administración estadounidense ha escalado su estrategia, pasando de designar al Cártel de los Soles como organización terrorista a desplegar un dispositivo militar en el mar Caribe. En aproximadamente cuatro semanas, las tropas estadounidenses han neutralizado media docena de embarcaciones provenientes del oriente de Venezuela, resultando en la muerte de unos 16 presuntos narcotraficantes. Según el analista, esta presión en alta mar ha reducido casi a cero la ruta del narcotráfico hacia Centroamérica, México y territorio estadounidense.
El exoficial indicó que el presidente Donald Trump anunció una \»fase dos\» enfocada en atacar objetivos específicos en tierra venezolana, tales como centros de acopio y embarcaderos vinculados al cártel militar. Sobre esta estructura criminal, que data de 1990 y toma su nombre de las insignias de altos mandos, Colina recordó las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos, que ofrece 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro. El analista criticó con dureza el sistema chavista, señalando que en Venezuela ser acusado de narcotráfico suele traducirse en condecoraciones y ascensos por parte del régimen, evidenciando la profunda putrefacción institucional del país.
La injerencia del régimen cubano: represión sobre narcotráfico
Respecto a la participación de Cuba en el conflicto, Colina fue tajante al afirmar que no existen pruebas de que las autoridades de la isla participen directamente en el tráfico de drogas o que asesoraran a Maduro en esa materia. Aclaró que el ejecutivo cubano se ha limitado a brindar respaldo político, mostrando reticencia a un apoyo militar en caso de una escalada de fuerza. Sin embargo, el analista subrayó que la presencia de la dictadura cubana en la arquitectura represiva de Venezuela es \»absolutamente cierta\», desviando el foco del crimen organizado para centrarlo en la violación sistemática de los derechos humanos.
Desde la época de Hugo Chávez, agentes del régimen de La Habana han infiltrado las filas militares venezolanas. Su misión inicial fue el adoctrinamiento ideológico, pero rápidamente evolucionaron hacia el control de los organismos de inteligencia. La dictadura cubana ha entrenado a cuerpos policiales y de espionaje en técnicas de vigilancia contra los propios militares venezolanos y en métodos de tortura, exportando el mismo modelo de control social y silenciamiento que mantiene sumida a la isla en la crisis estructural, la falta de libertades y el colapso institucional.
La consolidación de estas redes criminales en Caracas y el respaldo represivo desde La Habana reflejan una simbiosis para garantizar la supervivencia de ambos gobiernos frente a la justicia internacional. Mientras Washington ajusta su estrategia militar para cercar al narcotráfico de alto nivel, la ciudadanía venezolana y cubana continúa siendo la principal víctima de un aparato estatal que privilegia la impunidad y el terrorismo de Estado sobre el bienestar y la democracia, profundizando las causas del imparable exodo migratorio en la región.