El Observatorio de Género de la revista Alas Tensas (OGAT) y la plataforma YoSíTeCreo en Cuba confirmaron tres nuevos feminicidios en la isla, elevando a 48 la cifra de crímenes machistas verificados durante 2025. Las víctimas mortales incluyen a mujeres atacadas por sus parejas o exparejas en espacios públicos y laborales, evidenciando la inacción de las fuerzas del orden frente a la violencia de género.
Entre los casos recientemente verificados destaca el de Yuleidis Sánchez Rodríguez, de 43 años, quien fue atacada por su pareja la noche de fin de año en Santiago de Cuba y falleció el 1 de enero debido a la gravedad de las heridas. Los reportes comunitarios señalan que el agresor contaba con antecedentes de violencia machista y que la víctima había presentado denuncias previas, lo que reitera la nula capacidad de prevención de la policía cubana. A Sánchez Rodríguez le sobreviven tres hijos, dos de ellos menores de edad. Asimismo, los observatorios confirmaron los asesinatos de Roxana Donatien Celian, de 21 años, ocurrido en julio en Camagüey, y de Iveth Aldana, contadora de 54 años atacada en su centro de trabajo en Bayamo por su expareja en agosto.
La actualización de los registros independientes contabiliza 48 feminicidios confirmados en el año, además de dos asesinatos de hombres por motivos de género y 17 tentativas de feminicidio. Las organizaciones mantienen abiertas investigaciones sobre otros 12 casos que podrían sumarse a la estadística. Estas cifras dimensionan una crisis de seguridad que el régimen de La Habana se ha negado sistemáticamente a reconocer. La opacidad institucional del Estado cubano, que no publica estadísticas anuales con metodologías claras ni datos desagregados, obliga a la sociedad civil a asumir el riesgo de documentar la violencia machista en un entorno hostil y bajo constante amenaza de represión.
Opacidad estatal y criminalización del activismo
Desde 2019, estas plataformas han verificado al menos 300 feminicidios en Cuba, operando bajo la criminalización del activismo feminista y la inexistencia de una tipificación legal para este delito. Mientras la dictadura cubana prefiere utilizar eufemismos como \»asesinato por razones de género\» para maquilar la realidad, las organizaciones independientes insisten en la urgencia de nombrar el problema como feminicidio. La falta de protocolos públicos de registro y la ausencia de una ley integral contra la violencia de género reflejan la desidia de las autoridades de la isla frente a una problemática que cobra vidas de manera constante.
La labor de OGAT y YoSíTeCreo en Cuba, sustentada en la verificación comunitaria y el acompañamiento a las víctimas, se erige como el único mecanismo fiable para visibilizar la tragedia. Sin embargo, mientras el ejecutivo cubano mantenga intactas sus políticas de censura y se niegue a implementar marcos legales protectores, las consecuencias para la ciudadanía serán devastadoras. La impunidad y la falta de respuesta institucional no solo perpetúan el ciclo de violencia machista, sino que evidencian el abandono estructural del Estado hacia los sectores más vulnerables de la sociedad cubana.