El opositor y exprisionero político Orlando Castro García, último sobreviviente en el exilio de los participantes en los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en 1953, falleció a los 97 años en la ciudad de Miami. Su deceso marca el fin de una generación que, tras alzarse contra la tiranía de Fulgencio Batista, terminó enfrentando la represión de la dictadura cubana por disentir del rumbo totalitario impuesto por Fidel Castro.
La muerte fue confirmada por su esposa, la también expresa política Georgina Cid, quien precisó que el deceso ocurrió en un centro de asistencia para adultos mayores en el suroeste de Miami. Nacido en Unión de Reyes, Matanzas, en 1928, Castro García provenía de una familia humilde. Mientras estudiaba en La Habana y trabajaba como supervisor financiero en la empresa Sabatés, decidió sumarse a la acción armada, integrándose en el grupo de 25 atacantes que tuvo como objetivo el cuartel militar de Bayamo.
Tras el fracaso de la acción, buscó refugio en la Embajada de Argentina y viajó con un salvoconducto a Costa Rica, residiendo también en México y Honduras antes de retornar a la isla tras la amnistía general de 1955. Sin embargo, su visión cívica chocó pronto con el liderazgo del Movimiento 26 de Julio. Al percibir el giro autoritario y la deriva comunista del proceso tras 1959, Castro García optó por la oposición política, una decisión que le costaría décadas de encierro.
Resistencia y persecución bajo el régimen
En 1961, las autoridades de la isla lo arrestaron y lo condenaron a 30 años de prisión bajo cargos de conspiración. Cumplió 17 años en las cárceles de la dictadura cubana, soportando el rigor del sistema penitenciario aplicado a los disidentes. Su esposa, Georgina Cid, también fue víctima de la persecución política y cumplió una condena de 16 años. El caso de Castro García ilustra el patrón sistemático de criminalización de la disidencia que el régimen de La Habana ha mantenido a lo largo de más de seis décadas, forzando al exilio a miles de cubanos que rechazan la falta de libertades y el control estatal absoluto.
Los restos de Orlando Castro García serán sepultados en el cementerio de Opa-locka, donde se llevará a cabo una oración de despedida, con una misa memorial a celebrarse posteriormente. Su partida deja un vacío testimonial invaluable para la memoria histórica de la nación, en momentos en que la comunidad internacional y la sociedad civil cubana continúan documentando las violaciones de derechos humanos y exigiendo una transición democrática en el país.