El recluso Danisbel Labrada Morales denunció desde la Prisión Provincial Kilo 8, en Camagüey, la suspensión de su tratamiento para la hipertensión y las constantes amenazas de agresión que sufre por parte de presos comunes, una práctica orquestada por las autoridades penitenciarias para acallar sus denuncias sobre las condiciones de cautiverio.
Labrada Morales, de 41 años y originario del municipio Cumanayagua, en Cienfuegos, relató que lleva varios días sufriendo mareos, fatiga y una drástica pérdida de peso. Con una estatura de 1.90 metros, el prisionero afirmó haber bajado a 135 libras, condición acompañada de un fuerte estado de somnolencia. Tras ser trasladado al puesto médico de la cárcel el pasado 18 de mayo, una doctora identificada como \»Daylí\» le administró una pastilla sublingual no precisada debido a su elevada presión arterial. Sin embargo, sus repetidas solicitudes para realizarse exámenes de sangre y una revisión médica exhaustiva han sido ignoradas por las autoridades de la isla.
Además del abandono médico, el recluso enfrenta un clima de hostigamiento sistemático. Labrada Morales denunció que desde el 12 de mayo las autoridades penitenciarias trasladaron al agresor del también recluso Carlos Alain Abrahantes Valdés al Destacamento 7, donde él se encuentra recluido. Junto a otros dos presos comunes, este individuo ha amenazado con agredirlo si continúa reportando los abusos y violaciones cometidos en el centro penitenciario de máximo rigor. Estas afirmaciones fueron corroboradas vía telefónica por el opositor de Nuevitas Ediolvys Marín Mora.
Traslados arbitrarios y crueldad institucionalizada
La situación de Labrada Morales es un reflejo del modus operandi de la dictadura cubana frente a quienes se atreven a denunciar las condiciones deplorables del sistema carcelario. El campesino, encarcelado desde 2016 bajo una condena de 14 años por delitos comunes, ha sido víctima de un peregrinaje represivo. Fue trasladado desde la prisión de Ariza, en Cienfuegos, hacia la cárcel de Canaleta, en Ciego de Ávila, y posteriormente a Kilo 8 en Camagüey, donde fue aislado en régimen de castigo tras ser golpeado en marzo pasado. Estos traslados arbitrarios y el uso de presos comunes para amedrentar a otros reclusos evidencian la política de represión y control del régimen de La Habana.
El caso de Danisbel Labrada Morales pone de manifiesto la urgente necesidad de que la comunidad internacional y las organizaciones defensoras de los derechos humanos volteen su mirada hacia las cárceles cubanas. La privación deliberada de atención médica y el uso del terror físico como herramienta de silenciamiento comprometen gravemente la vida de los reclusos. Ante la inoperancia del gobierno cubano para garantizar la integridad física de la población carcelaria, persiste el riesgo de que las consecuencias de esta negligencia estatal deriven en tragedias irreversibles dentro de los penales de la isla.