La profunda crisis del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) ha dejado a la población cubana sumida en cortes de luz que alcanzan hasta 16 horas consecutivas en La Habana y 36 horas en las provincias orientales. El régimen de La Habana reconoce un déficit superior a los 2.000 megavatios (MW), evidenciando el fracaso de las infraestructuras energéticas y la incapacidad para garantizar un servicio esencial, mientras la ciudadanía sufre el colapso simultáneo de las telecomunicaciones y la atención médica.
La Unión Eléctrica (UNE) ha emitido un parte informativo que confirma la gravedad de la situación: durante la última jornada, el servicio estuvo afectado las 24 horas, alcanzando una máxima afectación por déficit de capacidad de generación de 2.084 MW en el horario pico. Incluso figuras mediáticas afines al gobierno cubano, como el periodista Lázaro Manuel Alonso, han tenido que admitir en redes sociales la \»situación crítica\» de la operación eléctrica, confirmando que en la capital se han reportado hasta 16 horas continuas sin servicio.
Las causas de este colapso son múltiples y evidencian el deterioro estructural de la infraestructura nacional. El reporte oficial detalla averías en al menos siete unidades de centrales termoeléctricas clave, incluyendo las de Máximo Gómez, Cienfuegos, Diez de Octubre, Felton y Renté. A esto se suma la falta crónica de combustibles y lubricantes, que mantiene fuera de servicio a 100 centrales de generación distribuida y diversos motores, representando una pérdida de más de 1.000 MW de capacidad. Las recientes inversiones en parques solares fotovoltaicos, que aportaron apenas 495 MW en el mediodía, resultan insuficientes para paliar el déficit estructural que sufre el país.
Desde los barrios, la crisis se vive con desesperación. Adelth Bonne, activista residente en el municipio capitalino de 10 de Octubre, describió las últimas 72 horas como las peores del año, con apenas una hora de servicio eléctrico seguida de cortes prolongados. La afectación trasciende la incomodidad doméstica y golpea directamente a la salud pública; el activista denunció que el circuito del policlínico Coco y Rabí, correspondiente al hospital materno de la zona, permaneció apagado durante gran parte de la noche. \»Esto es un apagón general más, lo que ellos no han querido reconocer\», afirmó Bonne, quien también reportó la caída total de las redes de internet durante los cortes de energía.
Represión y abandono institucional en medio de la oscuridad
El colapso eléctrico es un síntoma más de la crisis sistémica que atraviesa la isla, marcada por la inflación, el desabastecimiento y un éxodo migratorio sin precedentes. La falta de mantenimiento de la red eléctrica es consecuencia directa de la falta de planificación y priorización por parte de las autoridades de la isla. Mientras la población carece de luz, la empresa estatal de telecomunicaciones (ETECSA) es señalada por los ciudadanos por priorizar el equipo destinado a la represión social frente a la estabilidad de su red. \»Parece que ETECSA en lo que ha invertido es en la represión, en los camiones para reprimir a la gente\», criticó el activista, en alusión a la maquinaria de la dictadura cubana utilizada para amedrentar a quienes protestan por las condiciones de vida.
La perspectiva para los próximos días no ofrece alivio. El ejecutivo cubano pronostica para el horario pico nocturno una disponibilidad de apenas 1.268 MW frente a una demanda que supera los 3.300 MW, lo que mantiene a la nación en un estado de penumbra forzada. Esta crisis prolongada no solo profundiza el sufrimiento de la ciudadanía, sino que aisla aún más al país al cortar las vías de comunicación, todo mientras el régimen evade su responsabilidad y la comunidad internacional observa cómo el modelo impuesto en Cuba colapsa bajo el peso de su propia ineficiencia.