El Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) ha elevado a la Asamblea Nacional del Poder Popular un paquete de medidas denominado \»Programa Económico y Social para 2026\». Bajo la supervisión de Raúl Castro, el ejecutivo cubano pretende reanimar una economía en ruinas con fórmulas que el propio expresidente Fidel Castro llegó a catalogar como \»uno de los grandes errores históricos\» del sistema, evidenciando la incapacidad de la cúpula para resolver la profunda crisis que ellos mismos han provocado.
La iniciativa, presentada como una novedad por las autoridades de la isla, recurre a la asociación con capitales extranjeros para intentar sostener el poder del PCC, una práctica que históricamente fue criticada por figuras como el Che Guevara y el propio Fidel Castro, quienes cuestionaron la viabilidad de construir socialismo utilizando métodos capitalistas. La ineptitud de la nomenclatura para gestionar los recursos del país ha sido señalada recientemente por figuras internacionales, como el Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, quien calificó a la dirigencia comunista de corrupta e incapaz. Sin embargo, las raíces de este colapso administrativo se remontan a décadas de mala gestión estatal.
Antecedentes de una crisis autoinfligida
La denuncia de la corrupción y el fracaso sistémico no es una novedad en la historia reciente de la nación. En 1986, Fidel Castro inauguró el proceso de \»rectificación de errores y tendencias negativas\», un intento de corregir el \»economicismo\», el \»burocratismo\» y la \»corrupción\» que ya carcomían al aparato estatal. No obstante, en aquella ocasión, los máximos responsables —el propio Fidel Castro y su hermano Raúl— eludieron cualquier imputación. Aquellos vicios denunciados hace cuatro décadas no fueron erradicados, sino que se profundizaron en los años 90 y en el presente siglo, extendiéndose a todas las esferas del Estado, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ministerio del Interior (MININT).
La gravedad de la degradación institucional fue tal que, en 2006, Fidel Castro emitió una de sus advertencias más célebres: \»Este país puede destruirse por sí mismo. Esta revolución puede destruirla. Nosotros, sí, nosotros podemos destruirla\». El entonces mandatario reconocía la existencia de \»desvíos\» y el enriquecimiento de \»nuevos ricos\» durante el Período Especial. Hoy, la realidad supera aquel diagnóstico. La miseria actual, comparable o peor que la de los años noventa, es consecuencia directa de las políticas implementadas por Raúl Castro, la cúpula militar de GAESA, Miguel Díaz-Canel, Manuel Marrero y Esteban Lazo, quienes priorizaron la construcción de hoteles de lujo en detrimento de la agricultura, la infraestructura básica, los hospitales y los asilos para una población cada vez más envejecida y empobrecida.
El llamado \»Programa Económico y Social para 2026\» se presenta en este contexto no como una solución real, sino como una quimera para intentar revivir un sistema moribundo. Mientras la dictadura cubana persiste en mantener el control absoluto sin realizar reformas estructurales que impliquen una apertura democrática o un verdadero control sobre las finanzas militares, la ciudadanía continúa sufriendo apagones prolongados, inflación galopante y un éxodo migratorio sin precedentes. La falta de voluntad para asumir responsabilidades por el colapso generalizado augura que el nuevo plan terminará engrosando la larga lista de promesas incumplidas, dejando a la población sumida en la incertidumbre y la precariedad material.