Un grupo de jóvenes universitarios protagonizó una sentada pacífica en la emblemática escalinata de la Universidad de La Habana para exigir soluciones a la crisis de conectividad, los apagones y el colapso del transporte, condiciones que imposibilitan su proceso de formación académica.
La movilización, convocada a través de grupos de mensajería digital, reunió a una veintena de estudiantes que denunciaron el incumplimiento de la empresa estatal de telecomunicaciones, ETECSA. El régimen de La Habana había prometido otorgar un paquete de seis gigabytes de datos móviles mensuales a cada universitario tras el aumento de tarifas y las protestas estudiantiles previas. Sin embargo, numerosos alumnos aseguran que el beneficio aún no ha sido habilitado, lo que agrava severamente el desarrollo de las clases semipresenciales.
Un sistema educativo asfixiado por la crisis nacional
La inconformidad estudiantil trasciende la falta de acceso a internet y se enmarca en el profundo deterioro estructural que sufre la isla. Los constantes cortes de electricidad, la hiperinflación y la paralización del sistema de transporte público conforman un escenario adverso que obstaculiza directamente el derecho a la educación. Las autoridades de la isla han sido incapaces de garantizar las condiciones mínimas para el desarrollo de la actividad académica, empujando a los jóvenes a manifestar su descontento.
Ante la convocatoria ciudadana, la dictadura cubana desplegó un operativo de vigilancia en los alrededores de la sede universitaria, con presencia de patrullas y agentes de la Seguridad del Estado. Esta respuesta coercitiva refleja la política de amedrentamiento sistemático frente a cualquier intento de organización social, incluso cuando se trata de manifestaciones pacíficas enfocadas en demandas educativas básicas.
Al cierre de esta información, los manifestantes ingresaron a las instalaciones para reunirse con administradores y funcionarios, en medio de un clima de tensión y vigilancia policial. Esta protesta marca un nuevo capítulo de la creciente insatisfacción social en Cuba y evidencia cómo el colapso económico y la falta de libertades están afectando a sectores clave, planteando un desafío adicional para la estabilidad política del ejecutivo cubano.