El economista e ingeniero de infraestructuras Juan A. Belt asegura que la eventual transición democrática en Cuba no tiene precedentes comparables en el mundo. En un análisis reciente, el exasesor de organismos como USAID y el Banco Mundial detalla que el colapso institucional y la profunda distorsión económica de la isla exigen soluciones innovadoras que no pueden copiarse de procesos posbélicos en otras latitudes.
Belt, quien ha dedicado su carrera a la reconstrucción de Estados en naciones como El Salvador, Guatemala, Afganistán e Irak, señala que la situación cubana es un caso \»sui generis\». A diferencia de los países latinoamericanos que salieron de conflictos armados, donde subsistían la propiedad privada y un sistema judicial funcional, el régimen de La Habana ha dejado a la isla en una situación de Estado fallido. El experto subraya que el orden público actual no se sostiene por el funcionamiento de las instituciones, sino por el estricto aparato represivo de la dictadura cubana, que impide el colapso total de la sociedad a la fuerza.
Uno de los mayores obstáculos para planificar la recuperación nacional es la magnitud de las distorsiones económicas generadas por el gobierno cubano durante décadas. Al elaborar modelos financieros para los sectores eléctrico y de abastecimiento de agua, Belt se ha topado con la dificultad de establecer un tipo de cambio real. Mientras el ejecutivo cubano mantiene una tasa oficial inoperante, el mercado informal sitúa el dólar por encima de los 600 pesos, una brecha que multiplica por treinta la diferencia cambiaria y hace inviables los análisis económicos convencionales, superando incluso las severas distorsiones de precios de la antigua Unión Soviética.
Lecciones adaptables y el desafío de la gobernabilidad
Aunque la experticia de otros países no puede trasplantarse mecánicamente, el especialista considera que sí existen lecciones valiosas en áreas como telecomunicaciones, electricidad y recursos hídricos que deben ajustarse a la realidad nacional. Sin embargo, advierte que el gran reto para el futuro de Cuba será la gobernabilidad. La transición política no contará con el respaldo de despliegues militares internacionales como ocurrió en Medio Oriente, lo que obligará a la sociedad civil y a los actores políticos a construir un marco democrático desde cero, frente a las secuelas del desabastecimiento crónico, la inflación incontrolable y el éxodo migratorio.
Para Belt, la hoja de ruta hacia la recuperación debe involucrar necesariamente tanto a los profesionales que permanecen en la isla como a la diáspora. La reconstrucción del país requerirá capital humano y técnico que las autoridades de la isla han forzado a emigrar masivamente debido a la crisis estructural. A futuro, la viabilidad de una Cuba democrática dependerá de la capacidad de articular estos talentos para desmantelar el modelo totalitario y restituir los servicios públicos esenciales, una tarea monumental que demandará una coordinación sin precedentes entre la ciudadanía residente y el exilio.