Residentes de varias localidades rurales del municipio de Camajuaní, en Villa Clara, enfrentan cortes de electricidad que superan las 24 horas diarias, una crisis que se prolonga desde hace meses sin respuesta de las autoridades de la isla. La situación ha empeorado tras una reestructuración técnica de la Empresa Eléctrica que prioriza el suministro a entidades estatales en detrimento de la población civil.
Poblados como Vega Alta, La Luz, La Quinta y Carmita han sido relegados a un \»estado de terror energético\», según denuncias de los propios vecinos. La modificación en la estructura de los bloques eléctricos, que unió las líneas de estas comunidades a los circuitos 129 y 72 de la cabecera municipal, fue justificada por el gobierno cubano para proteger zonas de mayor consumo. Sin embargo, esta medida ha dejado a miles de familias sin servicio básico, sufriendo recientemente interrupciones de hasta 55 horas continuas en zonas como Remedios y Caibarién.
\»No ha habido una sola noche con corriente en meses\», relató Carmen, vecina de Batey Viejo, detallando que los electrodomésticos son ahora inútiles y la población se ve obligada a cocinar con leña. La ausencia de energía impide la conservación de alimentos, provocando su rápida descomposición, y dificulta la comunicación al no haber tiempo para cargar dispositivos móviles ni acceso a internet. La indignación ciudadana crece frente a lo que califican como años de castigo y promesas incumplidas por parte del régimen de La Habana.
Vulnerabilidad y abandono institucional
La gravedad de la crisis se agudiza por el perfil demográfico de estas zonas, mayoritariamente campesino y envejecido, con un consumo total que apenas supera los 1,5 megavatios. Esta población carece de los recursos económicos para adquirir generadores o paneles solares. A esto se suma el colapso del sistema de distribución de gas licuado y la inexistencia de queroseno en las bodegas desde hace más de un año, dejando a los residentes sin opciones para cocinar una vianda o bombear agua para el consumo humano.
El colapso del Sistema Electroenergético Nacional (SEN) es un reflejo de la profunda crisis estructural que sufre la isla tras décadas de mala gestión, falta de inversión y corrupción institucional. Mientras la dictadura cubana destina recursos a mantener el aparato represivo y la burocracia estatal, las infraestructuras básicas se desmoronan, exacerbando la inflación, el desabastecimiento alimentario y forzando el éxodo migratorio de cientos de miles de cubanos que no ven un futuro viable en el campo.
La indolencia ante el sufrimiento de comunidades enteras en el circuito norte de Villa Clara evidencia la desconexión total entre el poder y las necesidades ciudadanas. A medida que la infraestructura energética continúa deteriorándose, la pasividad institucional amenaza con agravar la inseguridad alimentaria y sanitaria en las zonas rurales, profundizando el aislamiento y la precariedad de los sectores más vulnerables de la sociedad cubana.