La industria turística cubana registró en mayo uno de sus peores resultados históricos al recibir apenas 30.883 visitantes internacionales, lo que confirma el profundo deterioro de uno de los sectores estratégicos para la captación de divisas. Según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), entre enero y mayo arribaron al país 359.491 viajeros extranjeros, una contracción del 58,4 % respecto al mismo período del año anterior, lo que representa la pérdida de más de medio millón de turistas en apenas doce meses.
El retroceso afecta a prácticamente todos los mercados emisores tradicionales. Canadá, principal fuente de turistas hacia la isla, protagonizó la caída más pronunciada al pasar de 387.396 visitantes en los primeros cinco meses del año previo a apenas 126.239 en igual lapso de este año. La contracción mensual es aún más elocuente: los viajeros canadienses pasaron de casi 100.000 en enero a menos de 800 en mayo. Rusia, mercado impulsado por el régimen de La Habana como alternativa tras la pérdida de visitantes occidentales, también experimentó una reducción superior al 60 %. Estados Unidos registró una merma similar, superando el 50 %, aunque su flujo mensual se mantuvo relativamente estable.
En medio de este desplome generalizado, los cubanos residentes en el exterior se han convertido en el principal sostén del sector. Las estadísticas oficiales evidencian que este segmento ha ganado peso de forma progresiva durante los primeros meses del año, llegando a representar casi la mitad de los visitantes registrados en mayo. Sin embargo, este flujo familiar no logra compensar la pérdida de viajeros internacionales, alejando al país de las metas trazadas por el gobierno cubano y de los registros obtenidos en ejercicios anteriores.
Un colapso vinculado a la crisis estructural de la isla
La incapacidad del ejecutivo cubano para recuperar el flujo turístico internacional contrasta drásticamente con el período previo a la pandemia, cuando la isla recibía más de cuatro millones de visitantes anuales. Mientras destinos competidores del Caribe superan ya sus niveles de hace unos años, Cuba enfrenta un escenario cada vez más complejo debido a problemas estructurales no resueltos. Especialistas del sector señalan que el deterioro de la infraestructura hotelera, la ineficiencia en los servicios, la escasez de combustible, el colapso del transporte y los prolongados apagones disuaden a los viajeros internacionales.
El hundimiento del turismo, una de las principales fuentes de ingresos en divisas, profundiza la asfixia económica que padecen los ciudadanos. La falta de recursos para importar bienes básicos se traduce en una mayor escasez de alimentos y medicinas, mientras la dictadura cubana mantiene sus prioridades enfocadas en el aparato represivo y el control social. A futuro, la ineficacia para atraer inversiones y revertir el deterioro de los servicios públicos augura un agravamiento de la crisis migratoria y un mayor empobrecimiento de la población civil, marginada de las decisiones y beneficios económicos.