Una investigación del diario estadounidense The New York Times reveló el mecanismo mediante el cual el régimen de La Habana revende en mercados internacionales el crudo subsidiado por Venezuela, generando divisas vitales frente al colapso económico de la isla. El reporte coincide con la incautación del petrolero Skipper por fuerzas estadounidenses frente a las costas venezolanas, un buque que transportaba carga destinada a la empresa estatal Cubametales.
De acuerdo con la publicación, solo una fracción del petróleo asignado a Cuba desde Venezuela llega realmente a la isla. La mayor parte del crudo es revendida a intermediarios asiáticos, principalmente a China, lo que provee al gobierno cubano de divisas extremadamente necesarias. Fuentes cercanas al chavismo señalaron al rotativo neoyorquino que parte de estos fondos se utilizan para adquirir bienes básicos, aunque la profunda opacidad de la economía cubana imposibilita rastrear con exactitud el destino final del dinero o cuánto es desviado hacia intermediarios comerciales vinculados a ambos gobiernos.
Operativa de la \»flota oscura\» y sanciones a intermediarios
El petrolero Skipper, objeto de la incautación estadounidense, zarpó a principios de diciembre del puerto venezolano de José cargado de crudo pesado. Datos de seguimiento marítimo de la firma TankerTrackers.com evidencian que el buque empleó técnicas de la denominada \»flota oscura\», como la falsificación de señales de posición y transferencias de barco a barco. Antes de ser interceptado, el Skipper transfirió cerca de 200.000 barriles al petrolero Neptune 6 cerca de Curazao, con rumbo hacia Cuba. La tripulación del buque incautado estaba compuesta por unos 30 marineros, en su mayoría rusos, lo que evidencia una red que conecta a Venezuela, Cuba, Irán y Rusia frente a las sanciones internacionales.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó recientemente al empresario panameño Ramón Carretero, identificado por el diario como el principal gestor del flujo petrolero entre Caracas y La Habana. Carretero ha facilitado el envío de combustible en nombre del ejecutivo venezolano y mantiene contratos lucrativos y vínculos comerciales con la familia Maduro-Flores. Mientras tanto, documentos de PDVSA indican que Cubametales ha asegurado contratos para comprar unos 65.000 barriles diarios de petróleo venezolano en 2025, lo que representa un incremento del 29 % respecto al año anterior y siete veces más en comparación con 2023.
Dependencia externa y crisis estructural
Este esquema de reventa ilustra la dependencia vital de las autoridades de la isla de redes de comercio ilícito para sostener su frágil economía. Ante la incapacidad del modelo estatal para generar riqueza, la dictadura cubana ha encontrado en el tráfico de combustibles una vía para obtener liquidez en dólares, evadiendo el cerco financiero internacional. Esta inyección de capital, gestionada bajo un estricto hermetismo, contrasta radicalmente con la severa escasez de combustible, los apagones prolongados y la inflación que sufre la ciudadanía, evidenciando cómo las prioridades del Estado se inclinan hacia la supervivencia del aparato burocrático y el mantenimiento de la represión antes que hacia el bienestar social.
El endurecimiento de la vigilancia y las incautaciones por parte de Washington amenazan con desarticular este flujo financiero alternativo, lo que podría acelerar la asfixia económica del régimen de La Habana. La exposición de este mecanismo no solo compromete las relaciones entre Caracas y La Habana, sino que también presiona a la comunidad internacional a monitorear de cerca las rutas de evasión de sanciones. Si estos canales llegaran a colapsar, el gobierno cubano se enfrentaría a un escenario de creciente inestabilidad interna, incapaz de mitigar la profunda crisis de desabastecimiento que impulsa el actual éxodo migratorio.