Lunes, 14 de septiembre de 2026
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El régimen cubano intenta legislar nuevas medidas económicas ante el colapso y la presión internacional

El régimen cubano intenta legislar nuevas medidas económicas ante el colapso y la presión internacional

El régimen de La Habana busca convertir en ley un paquete de reformas económicas anunciadas en junio, que incluyen la autorización para que empresas privadas gestionen importaciones y exportaciones directas, así como la expansión de derechos a inversionistas extranjeros en el sector inmobiliario. La iniciativa, defendida por el viceministro de Comercio Exterior y Inversión Extranjera, Carlos Luis Jorge Méndez, en una entrevista con USA Today, pretende presentarse como una \»transformación estructural\» de la economía nacional, en medio de la peor crisis de las últimas décadas y un endurecimiento de las sanciones de Washington.

Las nuevas disposiciones forman parte de un programa de 176 reformas económicas, estructuradas en 23 áreas temáticas, que las autoridades de la isla dieron a conocer hace meses. Según las cifras oficiales citadas por Méndez, hasta el 30 de julio ya se habían aprobado 110 de las 121 medidas previstas para los primeros dos meses de implementación. El funcionario defendió el paquete de cambios como una apertura genuina, asegurando que \»refuerza la idea de que Cuba se está abriendo. Es un proceso real, no una maniobra\».

Entre los cambios que podrían entrar en vigor de manera inminente destaca la autorización para que las empresas privadas cubanas gestionen sus operaciones de importación y exportación de forma directa. Hasta ahora, el aparato estatal obligaba a estos actores económicos a utilizar a una entidad gubernamental como intermediaria, lo que encarecía los procesos, generaba cuellos de botella burocráticos y limitaba drásticamente la autonomía del sector privado. Con la nueva normativa, las empresas podrían importar los productos que consideren necesarios, aunque se mantendrán algunas excepciones no especificadas en el control del Estado.

El gobierno cubano también tiene entre sus planes eliminar una disposición que obligaba a los inversionistas extranjeros a contratar a los trabajadores cubanos a través de una agencia estatal. Esta medida, históricamente criticada por la comunidad internacional por monopolizar la fuerza de trabajo y captar la mayor parte de los salarios en divisas, sería acompañada por una ampliación de los derechos de los extranjeros para desarrollar proyectos inmobiliarios en la isla.

Desde la óptica oficial, Méndez insistió en que los cambios anunciados no tendrán la naturaleza temporal de algunas medidas adoptadas durante el acercamiento entre La Habana y Washington durante la administración de Barack Obama, las cuales fueron posteriormente revertidas. \»Hay transformaciones que estamos haciendo que cambian la forma en que opera la economía nacional de manera tan profunda que serán muy difíciles de revertir\», aseguró el viceministro desde La Habana.

Escepticismo sobre la sostenibilidad de las reformas

Sin embargo, la iniciativa del ejecutivo cubano surge en un escenario de crisis sistémica agudizada y creciente presión internacional. La administración de Donald Trump ha endurecido las restricciones sobre el suministro de combustible a la isla. Esta política, según estimaciones citadas en el dossier referenciado por USA Today, ha reducido las importaciones de combustible de Cuba entre un 80% y un 90%, paralizando sectores clave de la economía y profundizando el colapso del transporte y la generación eléctrica.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, anunció una nueva ronda de sanciones el 20 de agosto, explicando la estrategia de Washington como una respuesta directa a las maniobras de supervivencia del régimen. \»Cada vez que crean un nuevo mecanismo para salir del lazo, lo cerramos\», declaró Rubio, subrayando la política de asfixia económica hacia la dictadura cubana. Ante este panorama, Méndez confirmó que las conversaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos se encuentran suspendidas, aunque añadió que el gobierno cubano se mantiene \»abierto a reanudarlas\».

La sostenibilidad y el alcance real de estas reformas generan dudas profundas entre los expertos. John Kavulich, presidente del Consejo Económico y Comercial Estados Unidos-Cuba, señaló que los cambios avanzan en una \»buena trayectoria\», pero advirtió que podrían correr la misma suerte que las reformas emprendidas durante el acercamiento con Washington en 2016. Según Kavulich, la ausencia de cambios constitucionales más amplios y de una verdadera separación de poderes podría limitar la durabilidad de las nuevas medidas y facilitar que el régimen de La Habana las abandone en el futuro si contradicen los intereses del establishment militar y político.

Antecedentes de un modelo económico fracasado

El anuncio de estas medidas no es más que un reconocimiento tácito del fracaso del modelo centralizado que ha mantenido a la isla en el estancamiento durante décadas. La expansión del sector privado en Cuba, que comenzó a tomar fuerza en los últimos años con la autorización de miles de micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), ha chocado sistemáticamente con la falta de un mercado mayorista, la inexistencia de un sistema bancario eficiente y la burocracia asfixiante. Permitir la importación y exportación directa es una concesión obligada por la asfixia financiera, ya que el Estado carece de las divisas para abastecer incluso sus propias empresas.

Respecto a la eliminación de la contratación a través de empresas estatales y la apertura inmobiliaria, estos son temas que tocan fibras sensibles del control ideológico. Históricamente, la dictadura cubana ha mantenido un férreo control sobre la propiedad y el empleo para evitar la acumulación de capital fuera de la esfera de la cúpula militar. Ceder terrenos para el desarrollo inmobiliario extranjero o permitir relaciones laborales directas entre inversores y trabajadores nacionales representa una fractura en el monopolio estatal que, en el pasado, ha generado resistencias internas en el aparato ortodoxo del Partido Comunista.

Una economía en colapso estructural

El paquete presentado por el régimen de Miguel Díaz-Canel surge como un intento de respuesta a las \»distorsiones\» acumuladas en la economía nacional y a la urgente necesidad de aumentar la producción y atraer capital. Sin embargo, la implementación de las nuevas disposiciones será puesta a prueba en un entorno marcado por la escasez crónica de moneda extranjera, la caída libre de la producción agrícola e industrial, y una inflación galopante que devasta el poder adquisitivo de la población.

La crisis estructural de la isla no se limita a cifras macroeconómicas, sino que se traduce en apagones diarios de hasta 20 horas, colapso total del sistema de salud pública, inseguridad alimentaria y un éxodo migratorio sin precedentes que ha diezmado a las fuerzas laborales del país. La depreciación del peso cubano frente al dólar en el mercado informal ha destruido por completo la capacidad adquisitiva de los salarios estatales, empujando a millones de cubanos a la pobreza extrema. En este contexto, las reformas económicas, aunque necesarias, llegan tarde y condicionadas por la falta de confianza institucional.

Los inversionistas extranjeros y los empresarios locales son conscientes de que, en ausencia de un Estado de derecho, cualquier reforma puede ser derogada por la vía de un decreto presidencial o un cambio en la correlación de fuerzas internas del régimen. La represión social y la censura impiden cualquier debate público sobre el rumbo económico, dejando las decisiones en manos de un grupo reducido de militares y burócratas que no rinden cuentas a la ciudadanía.

Implicaciones futuras y consecuencias

En conclusión, la pretendida apertura económica del gobierno cubano se desarrolla en un dilema de supervivencia. Si las medidas se implementan, podrían oxigenar marginalmente a un sector privado asfixiado por las restricciones estatales y atraer algo de capital extranjero. No obstante, mientras la dictadura cubana mantenga intacto su aparato represivo, el monopolio sobre las decisiones estratégicas y la falta de garantías constitucionales, las reformas serán vistas con profundo escepticismo por la comunidad internacional y por los actores económicos.

El futuro inmediato de la isla dependerá de si estas concesiones, forzadas por la crisis y las sanciones, logran mitigar el colapso o si, por el contrario, la falta de libertades democráticas terminará por ahuyentar cualquier intento de recuperación económica. La respuesta de la comunidad internacional y de los Estados Unidos será clave para evaluar si estas medidas representan un punto de inflexión o simplemente un parche temporal en un sistema diseñado para mantener el poder a cualquier costo.

Equipo Editorial Reporte Cuba Ya
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Equipo Editorial Reporte Cuba Ya

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