Miércoles, 22 de julio de 2026
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El exilio forzado por la dictadura: la historia del empresario José Bared y la Cuba próspera que el castrismo destruyó

El empresario e ingeniero José Bared, descendiente de inmigrantes libaneses que encontraron en Cuba una tierra de oportunidades antes de 1959, relata cómo las expropiaciones del régimen obligaron a su familia al exilio y cómo la adversidad —incluyendo vivir en un automóvil en Miami— forjó su éxito empresarial en Estados Unidos, donde hoy es uno de los mecenas más activos de la Universidad de Miami.

La historia de José Bared es la de miles de cubanos que vieron truncadas sus vidas por la llegada de la dictadura a la isla. Nacido en La Habana en 1941, Bared pertenece a una familia de origen libanés que se estableció en Cuba a finales del siglo XIX, cuando el país era un destino atractivo para inmigrantes de todo el mundo. Su abuelo paterno, Pablo Bared, llegó desde el Líbano en 1898, primero a Haití y luego a Manzanillo, en la entonces provincia de Oriente, donde encontró condiciones favorables para establecer negocios textiles y de joyería. La familia creció y prosperó en Cuba durante décadas, hasta que las expropiaciones del régimen castrista arrasaron con el patrimonio de generaciones enteras.

Los Bared se convirtieron en una referencia del sector joyero en La Habana prerrevolucionaria. El padre de José fundó la joyería Bared en la calle Águila, mientras que otros familiares regentaban Hermanos Bared en la calle Galiano, ambas en el corazón comercial de la capital. Los tíos paternos también se dedicaban al mismo oficio y, tras el exilio, algunos continuaron con éxito en Puerto Rico. La rama materna no era ajena a la prosperidad: su abuelo materno, el gallego José M. Santeiro, operaba almacenes de víveres, y una tía estaba casada con José Manuel Alemán, ministro durante el segundo gobierno de Ramón Grau San Martín, senador y presidente del Partido Auténtico.

Una Cuba que dejó de existir

El relato de Bared ilustra lo que Cuba fue antes de la debacle de enero de 1959: un país receptor de inmigración europea, del Oriente Medio, asiática y latinoamericana, donde comunidades enteras construyeron negocios sólidos y contribuyeron al enriquecimiento cultural y económico de la nación. Los libaneses —llamados \»turcos\» por los cubanos de la época, al pertenecer el Líbano al Imperio Otomano— formaron comunidades prósperas en pueblos y ciudades de toda la isla, destacando en el comercio y el mundo empresarial. Todo ese tejido productivo fue aniquilado por el régimen de La Habana mediante expropiaciones masivas que no solo confiscaron propiedades, sino que destruyeron un modelo de sociedad plural y emprendedora.

Tras verse obligado al exilio, Bared enfrentó la adversidad con una determinación forjada en la pérdida. \»Haber tenido que vivir en un carro en Miami me dio la fuerza para convertirme en lo que soy\», ha señalado. A finales de la década de 1960 fundó su propia compañía de construcción mecánica y eléctrica, que llegó a convertirse en una de las diez empresas más poderosas de Estados Unidos en su sector. Fue el único de su familia en dedicarse a la ingeniería, apartándose de la tradición joyera que las autoridades cubanas habían arrancado de raíz con sus políticas confiscatorias.

Mecenazgo y memoria frente al silencio oficial

Hoy, Bared es uno de los mecenas más activos de la Universidad de Miami, donde forma parte de su fideicomiso y de la junta directiva de varias secciones, entre ellas la Cuban Heritage Collection, un archivo fundamental para la preservación de la memoria histórica de la isla que el régimen de La Habana ha intentado sistemáticamente reescribir o borrar. Su compromiso con la institución académica refleja no solo su éxito personal, sino también la voluntad de las comunidades exiliadas de mantener viva la memoria de la Cuba que existió antes de que la dictadura transformara al país en un territorio de empobrecimiento, represión y éxodo masivo.

La trayectoria de José Bared es un recordatorio de lo que Cuba perdió: un país próspero, abierto a la inmigración, con un sector empresarial dinámico y una sociedad plural. El éxito que sus hijos y nietos han tenido en el exilio —en Estados Unidos, Puerto Rico y otros destinos— demuestra que el talento y la capacidad de trabajo de los cubanos no desaparecieron, sino que fueron expulsados por un sistema que castiga la iniciativa privada y concentra el poder en manos de una élite sin control democrático. Mientras el gobierno cubano sigue incapaz de garantizar prosperidad a sus ciudadanos, las comunidades exiliadas continúan demostrando que el problema nunca fue el pueblo, sino el régimen que lo oprime.

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reportecubaya

Periodista de Reporte Cuba Ya. Cubre noticias de la isla con enfoque en derechos humanos, política y economía cubana.

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