El embajador de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Mike Waltz, confirmó que China y Rusia mantienen instalaciones de inteligencia y oficiales militares en Cuba, señalando que esta presencia convierte al régimen de La Habana en una amenaza directa para la seguridad nacional estadounidense y para la estabilidad del hemisferio occidental.
Durante una entrevista televisiva, el diplomático estadounidense detalló que las potencias asiática y euroasiática operan \»puestos de inteligencia, puestos de captación de señales y oficiales militares\» a escasa distancia de las costas de EE.UU. Waltz enfatizó que la actual administración no tolerará esta injerencia, enmarcando sus declaraciones en una estrategia más amplia del presidente Donald Trump, junto a los secretarios Marco Rubio y Scott Bessent, para expulsar la influencia de Pekín y Moscú de la región, donde ya habrían sufrido retrocesos en Venezuela y Centroamérica.
Espionaje electrónico en territorio cubano
Investigaciones recientes respaldan las afirmaciones del funcionario. Un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) identificó operaciones en cuatro instalaciones cubanas con capacidad para inteligencia de señales: Bejucal, El Salao, Wajay y Calabazar. En Bejucal, al sur de la capital, se detectó una formación de 32 antenas que se encontraría operativa, permitiendo vigilar transmisiones de alta frecuencia y actividades militares estadounidenses en el Caribe. Paralelamente, una investigación de The Wall Street Journal reveló que el personal chino y ruso destinado a estas tareas de espionaje electrónico se habría triplicado desde el año 2023.
La cesión de territorio nacional a potencias extranjeras para fines de espionaje ocurre en medio de la profunda crisis estructural que atraviesa la isla. Mientras la ciudadanía enfrenta hiperinflación, apagones prolongados, desabastecimiento y un éxodo migratorio sin precedentes, las autoridades de la isla priorizan alianzas geopolíticas con regímenes autoritarios para asegurar su supervivencia política y económica. Esta dependencia ha llevado al ejecutivo cubano a negar sistemáticamente la existencia de dichas instalaciones, calificando las denuncias de Washington como infundadas, a pesar de la evidencia satelital y las evaluaciones de inteligencia.
La creciente militarización y entrega de soberanía por parte de la dictadura cubana ha motivado una respuesta contundente de Washington. El pasado 29 de enero, el gobierno estadounidense declaró una \»emergencia nacional\» ante la amenaza inusual y extraordinaria que representan las acciones de La Habana. Esta postura augura un endurecimiento de las políticas hacia la isla, con implicaciones directas para la cúpula de poder, que podría enfrentar un mayor aislamiento diplomático y medidas coercitivas adicionales en un intento por frenar el avance de las potencias extranjeras en el Caribe.