La tormenta tropical Erin se formó este lunes en el Atlántico oriental, informaron organismos meteorológicos. Aunque el sistema se desplaza por aguas abiertas y no representa una amenaza directa para la isla en las próximas horas, el Instituto de Meteorología de Cuba (INSMET) mantiene una estrecha vigilancia debido a la vulnerabilidad estructural que sufre el país frente a eventos climáticos.
Según el primer aviso emitido por el Centro de Pronósticos del INSMET, el centro de Erin se localizaba a 455 kilómetros al oeste-noroeste de las islas de Cabo Verde y a más de 3.700 kilómetros al este de las Antillas Menores. El organismo presenta vientos máximos sostenidos de 75 kilómetros por hora, con rachas superiores, y se desplaza hacia el oeste a una velocidad de 31 kilómetros por hora. Los especialistas prevén que el sistema gane organización e intensidad mientras avanza sobre el océano.
El régimen de La Habana, a través de sus instituciones meteorológicas, ha estimado para la actual temporada ciclónica la formación de 15 tormentas tropicales, de las cuales ocho podrían convertirse en huracanes. Estos pronósticos detallan que la mayoría se originarían en el Atlántico, con una alta probabilidad del 75% de que al menos un huracán se forme o se intensifique en el mar Caribe. Esta proyección cobra relevancia tras la temporada de 2024, que registró 18 organismos con nombre, incluyendo 11 huracanes, cinco de ellos de categoría 3 o superior en la escala Saffir-Simpson.
La vulnerabilidad de Cuba ante la temporada ciclónica
Aunque Erin no amenaza el archipiélago cubano, el inicio de la temporada expone la profunda crisis estructural que padece la isla. El colapso crónico del sistema eléctrico, el deterioro de la infraestructura habitacional y la deficiencia en los sistemas de saneamiento agravan el riesgo para la población. Las autoridades de la isla carecen de la capacidad logística y material para enfrentar un evento meteorológico de gran magnitud, lo que dejaría a miles de ciudadanos en condiciones de desamparo, sin recursos para la recuperación y dependiendo de la asistencia internacional.
La vigilancia sobre la evolución de Erin y de futuros sistemas atmosféricos se vuelve crítica en un contexto donde el éxodo migratorio y la precariedad económica limitan aún más la resiliencia social. Ante la incapacidad del gobierno cubano para garantizar una protección civil efectiva y una recuperación post-desastre, la población enfrenta la temporada con incertidumbre, consciente de que cualquier impacto directo podría desatar una crisis humanitaria de proporciones insospechadas en un país ya sumido en el desabastecimiento y la falta de libertades.